30.12.11

10años.


Nunca fui de  pololear mucho, pero hubo una, solo una, que fue la que me marcó para siempre.
Hace 10 años que vivía en Finlandia, en una casa de madera, en el corazón de un frondoso bosque. Creo que ya no necesitaba a nadie, había decidido apartarme de la sociedad por el miedo constante a ser rechazado. Y rechazado de qué? Se preguntarán.
Rechazado de todo. Siempre he sentido que no soy parte de este mundo, o quizás de esta época. A pesar de sentirme así, una vez había sentido lo contrario.
Hace muchos días observaba el lago y me preguntaba qué seria de su vida, si tendría hijos, si sería más feliz de lo que fuimos juntos.
Supongo que es absurdo pensar en ella, pensó justo antes de lanzarse desnudo al lago. Cuando volví a la casa, sentí el sonido de una camioneta acercándose en el camino, por lo que corrí rápidamente. Estaba impaciente por saber de quién se trataba.
Pude divisar a lo lejos que se trataba del camión del correo. Un hombre extendió su brazo sin bajarse y me extendió un sobre azul. Durante estos 10 años, nada me había llegado. Nada de nada. Necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido recientemente.
Y si se equivocaron de dirección? Y si…
Lo observé minuciosamente, todos y cada uno de los pliegues del papel. Adentro había un papel blanco, cuidadosamente doblado. Reconocí de inmediato esa letra, era de ella.
Sí, no podía ser otra. Quería verme, reunirse conmigo para hablar sobre algo.
Mi corazón estaba hecho añicos, creo que jamás esperé algo así.
Esperar su respuesta fue aun más desesperante. Días que se transformaron en semanas, hasta que por fin llegó.
- Te espero en la ciudad, al frente de plaza central – Corrí como loco sin siquiera pensar en qué tendría que decirme. Desde ese momento hasta que llegué a la plaza, la espera se hizo infinita. Mis manos sudaban como nunca. Empecé a dormitar, solo por si aparecía en mis sueños el hecho en cuestión, pero solo logré llegar a un limbo desconocido en el que alguien tapaba mis ojos con sus manos y me susurraba  “acá estoy”.
Desperté de golpe y allí estaba, tal como la recordaba, incluso se veía más joven. Caminamos mucho rato, hablando trivialidades y riéndonos de la vida, como solíamos hacerlo hace mucho tiempo.
De pronto se detiene y toma mis manos, se para de frente y habla temblorosa:
No sabía como decirlo. He pasado mucho tiempo buscándote y no por mí, sino que por alguien. Tiene 10 años y tu mismo pelo, sonríe con la mirada y es igual de orgulloso.
Me quedé perplejo, sin saber qué hacer. Me abrazó y susurró en mi oído – Ya debo irme- y yo seguía ahí, paralizado.
De pronto abrí los ojos, observando todo. Ella ya se había ido y no pude decirle nada. Me sentí miserable, más miserable que antes, pero al menos sabía que una parte de mí se encontraba en otro lado del planeta, y sabía también, que al menos una vez al día, ella miraría sus ojos y me vería a mí a través de ellos.

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